Sacramentos
Los sacramentos son encuentros vivos con Cristo que nos acompañan en cada etapa de nuestra vida y nos fortalecen como comunidad de fe.
Bautismo
Sacramentos de Iniciación Cristiana
«En el bautismo somos adoptados e incorporados a la familia de Dios, en la comunión con la santísima Trinidad, en la comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.»
¿Qué tengo que hacer para solicitar el sacramentos del bautismo?
Para solicitar el sacramento del bautismo para vuestro hijo, en primer lugar, debéis vivir el el territorio de nuestra UAP de San Pedro, El Pilar, Los Ángeles.
Si vives en el territorio, debes dirigirte a la parroquia a la que perteneces dentro de Unidad de Acción Pastoral.
Si lo necesitas, puedes llamar por teléfono a la parroquia o mandarnos un correo y te informaremos encantados de los pasos necesarios para recibir el bautismo.
También puedes acercarte a la sacristía al finalizar las misas y te explicamos todo.
Requisitos
La preparación previa a la celebración del bautismo de vuestro hijo se llevará a cabo de forma personalizada con los padres, teniendo cuatro encuentros en el domicilio familiar.
Horarios
Los bautizos tendrán lugar todos los domingos, excepto los domingos de cuaresma, después de la misa de mediodía.
Padrinos
Para que alguien pueda ser admitido como padrino es necesario cumplir los siguientes requisitos:
- Capacidad para llevar a cabo el compromiso de esta misión.
- Ser mayor de 16 años.
- Ser católico.
- Haber recibido los sacramentos del bautismo, confirmación y eucaristía.
- Llevar una vida coherente con la fe.
Cada bautizado podrá tener un padrino, una madrina o un padrino y una madrina, pero no es obligatorio.
En ningún caso se admitirán como padrinos quienes no cumplan estos requisitos establecidos por la Iglesia.
Comunión
Sacramentos de Iniciación Cristiana
«Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación.»
La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor. (CIC 1322)
La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana”. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua. (CIC 1324)
Finalmente, por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos. (CIC 1326)
En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: “Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar”. (CIC 1327)
La celebración eucarística comprende siempre: la proclamación de la Palabra de Dios, la acción de gracias a Dios Padre por todos sus beneficios, sobre todo por el don de su Hijo, la consagración del pan y del vino y la participación en el banquete litúrgico por la recepción del Cuerpo y de la Sangre del Señor: estos elementos constituyen un solo y mismo acto de culto.
La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es decir, de la obra de la salvación realizada por la vida, la muerte y la resurrección de Cristo, obra que se hace presente por la acción litúrgica.
Es Cristo mismo, sumo sacerdote y eterno de la nueva Alianza, quien, por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el sacrificio eucarístico. Y es también el mismo Cristo, realmente presente bajo las especies del pan y del vino, la ofrenda del sacrificio eucarístico.
El que quiere recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la Penitencia.
(CIC 1408 – 1415)
Preguntas Frecuentes
Las catequesis de primera comunión comienzan a los 6 años con el despertar religioso, que es opcional pero muy recomendable. Es obligatorio realizar tres cursos de catequesis a partir de los 7 años que culminarán con la celebración de la primera comunión.
Si quieres más información puedes acercarte a la sacristía al finalizar las misas y te explicamos todo.
Todo bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser admitido a la sagrada comunión. (CDC 912)
Para que pueda administrarse la santísima Eucaristía a los niños, se requiere que tengan suficiente conocimiento y hayan recibido una preparación cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción. (CDC 913)
No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave. (CDC 915)
Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes. (CDC 916)
Quien vaya a recibir la santísima Eucaristía, ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la sagrada comunión, a excepción sólo del agua y de las medicinas. (CDC 919)
Todo fiel, después de la primera comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año, durante el tiempo pascual. (CDC 920)
Confirmación
Sacramentos de Iniciación Cristiana
«Toma en una mano una esponja empapada de agua y en la otra una piedra; apriétalas igualmente. No saldrá nada de la piedra, y de la esponja verás salir el agua en abundancia. La esponja es el alma llena del Espíritu Santo; y la piedra es el corazón frío y duro donde el Espíritu Santo no vive.»
La recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados “el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras. (CIC 1285)
De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.
Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:
- Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir “Abbá, Padre”
- Nos une más firmemente a Cristo
- Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo
- Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia
- Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz
(CIC 1303)
Preguntas Frecuentes
Después de recibir la comunión se inicia un proceso catequético de tres años para recibir la confirmación.
Puedes llamar por teléfono a la parroquia o mandarnos un correo y te informaremos encantados de los pasos necesarios para recibir este sacramento.
También puedes acercarte a la sacristía al finalizar las misas y te explicamos todo.
Sí. A los adultos se les dan una serie de catequesis con el fin de prepararlos para recibir la confirmación.
Puedes llamar por teléfono a la parroquia o mandarnos un correo y te informaremos encantados de los pasos necesarios para recibir este sacramento.
También puedes acercarte a la sacristía al finalizar las misas y te explicamos todo.
Estar bautizado y no haber sido confirmado aún.
Para recibir la confirmación es necesario hallarse en estado de gracia, por lo que conviene recurrir al sacramento de la Penitencia antes de del sacramento.
No, no es necesario ser miembro de la parroquia, aunque es muy recomendable celebrar el sacramento en la parroquia de la que sois miembros.
Conviene tener un padrino o una madrina que puedan brindar apoyo espiritual. También es conveniente, aunque no obligatorio que sean los mismos que para el bautismo.
Según el Código de Derecho Canónico (893 y 874) debe reunir estas características:
- Tener capacidad para asumir la misión e intención de desempeñarla.
- Haber cumplido 16 años.
- Ser católico, estar confirmado, haber recibido el santísimo sacramento de la eucaristía y llevar una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir.
- No estar afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada.
Matrimonio
Sacramentos al Servicio de la Comunidad
«Compañera te doy, y no sierva:
ámala como Cristo ama a su Iglesia.»
La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. (CIC 1601)
El sacramento del Matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna. (CIC 1661)
El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. (CIC 1662)
La unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva la vida conyugal de su “don más excelente”, el hijo. (CIC 1664)
El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente “Iglesia doméstica”, comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana. (CIC 1666)
Preguntas Frecuentes
Puedes acercarte a la sacristía en cualquier momento y preguntar allí.
Si lo necesitas, puedes contactarnos por teléfono o correo electrónico y concretar un momento.
Confesión
Sacramentos de Curación
«- Jerónimo, hoy es mi cumpleaños – dijo el Niño Jesús – ¿Qué me vas a regalar?
– Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca.
– ¿Y no me regalas nada más?
– ¿Qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti.
– Jerónimo, regálame tus pecados para perdonártelos.»
Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones. (CIC 1422)
El pecado es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con Él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación. (CIC 1440)
Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres de la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia”. (CIC 1446)
Puesto que Cristo confió a sus Apóstoles el ministerio de la reconciliación (cf Jn 20,23; 2 Co 5,18), los obispos, sus sucesores, y los presbíteros, colaboradores de los obispos, continúan ejerciendo este ministerio. En efecto, los obispos y los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de perdonar todos los pecados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (CIC 1461)
La confesión individual e integra de los pecados graves seguida de la absolución es el único medio ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia. (CIC 1497)
Preguntas Frecuentes
Media hora antes de cada misa, los sacerdotes estarán disponibles para confesar. También puedes acercarte a la sacristía en cualquier momento y solicitarlo allí.
Si lo necesitas, puedes contactarnos y concretar un momento.
Se debe estar arrepentido de los pecados cometidos y tener propósito de enmienda, es decir, de no volver a cometerlos.
Hay que confesar todos los pecados graves y es muy recomendable confesar también los pecados veniales.
Es necesario confesar los pecados, al menos, una vez al año.
Unción de Enfermos
Sacramentos de Curación
«¿Está sufriendo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.»
Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros , toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios. (CIC 1499)
La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. (CIC 1500)
La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él. (CIC 1501)
La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos. (CIC 1511)
La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez. (CIC 1514)
Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. (CIC 1515)
Preguntas Frecuentes
Cualquier persona que comience a estar en peligro por enfermedad o vejez. (CDC 1004)
Sí, se puede recibir más de una vez si el enfermo recobra la salud y vuelve a contraer otra enfermedad grave o si durante la misma enfermedad se agrava su estado. (CDC 1004)
Acompañamiento en tu camino de fe
En nuestra comunidad te acompañamos en cada etapa de tu vida cristiana.
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Estamos para ayudarte. Contacta con tu parroquia o escribenos y te responderemos encantados.






